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“CARICIAS
QUE YA SON PASIONES”
Por José María Gutiérrez.
Publicado en El Diario Montañés
el 30 de enero de 2006.
Marlango
ofreció un sensacional concierto
en el Palacio de Festivales y demostró
que los buenos grupos son aún
mejores en directo.
Por si a alguno
todavía le quedaba duda,
Marlango demostró el pasado
viernes en el Palacio de Festivales
que no es el proyecto paralelo de
una actriz, Leonor Watling, sino
un proyecto con personalidad propia,
aunque difícilmente definible
por la variedad de estilos que abarca.
Su pop noctámbulo y jazzero,
su estética de cabaret, su
rock arrabalero, sus ambientes sugerentes,
sedujeron al público que
casi llenaba la Sala Argenta, aunque,
si cerrabas los ojos, su música
te trasladaba indefectiblemente
a un pequeño club lleno de
humo.
La banda que acompaña a Leonor
(voz), Óscar Ybarra (trompeta)
y el cántabro Alejandro Pelayo
(piano), encabezada por el genial
guitarrista David Gwynn, es el elemento
que termina de dar forma al gran
directo que Marlango tiene hoy y
que hace bueno el tópico
de que los buenos grupos suenan
mejor en directo. Y el reto es alto
teniendo en cuenta la calidad de
sus dos álbumnes, que han
conseguido llegar a gran parte del
público -son Discos de Oro-
a pesar de estar editados en un
sello independiente, Subterfuge,
y de salirse de los cánones
habituales de una época en
que lo comercial -en forma de 'triunfitos'
y 'reggaetones'- copa las listas
de ventas.
Prácticamente todos los temas
de ambos trabajos -'Automatic imperfection',
'My love', 'I don't care', 'Pequeño
vals', 'It's all right', 'Cry',
'Enjoy the ride', 'Madness'...-
y alguna sorpresa -el 'Vete' de
Los Amaya que han grabado en clave
de jazz para la película
'Malas temporadas' o la nana 'Tip
Toe'- integraron el repertorio del
concierto, que fue creciendo en
intensidad en paralelo a su desarrollo.
Al principio Marlango mostró
su lado más melancólico
y nocturno, ese en el que se hacen
aún más suaves y relajadas
las caricias que envía la
'princesa Leonor' en forma de canciones.
La segunda parte mostró la
parte más rockera, aquella
en la que el público abandonó
la frialdad primera, y las caricias
se convirtieron en pasiones hasta
llegar al apoteósico éxtasis
final.
La estética y el juego de
luces aportaron el plus definitivo
a un concierto sobresaliente, cocido
a fuego lento, como la buena cocina
o los grandes amores. Marlango ha
crecido mucho sobre el escenario
y la sobriedad de Óscar a
la trompeta se complementa con la
candidez, pícara timidez,
sensualidad y sutil expresividad
de Leonor al micrófono,0,
y el humor de Alejandro entre canciones.
Un reparto de tareas 'solidario',
como la campaña de Intermón
Oxfam para el control de la venta
de armas que apoya Marlango en cada
uno de sus actos.
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