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MISTERIO MARLANGO
Por Jesús Rodríguez
Lenin. Publicado en Metrópoli
de El Mundo el 4 de noviembre de
2005.
El disco de oro
logrado con su álbum homónimo
de debut debió provocar algún
que otro cambio de planes en el
trío. Pero no lo reconocerán
jamás. Aquel disco grabado
sin presiones y sin más pretensiones
que las de dar rienda suelta a las
inquietudes 'arty' de Alejandro
Pelayo, músico de conservatorio
y ex pareja de la actriz Leonor
Watling (con la que sentó
las bases del grupo, al que se terminó
incorporando el trompetista Óscar
Ybarra), triunfó de forma
sorprendente, aupándoles
al primer plano de los focos, algo
a lo que contribuía la fama
creciente de la actriz.Cincuenta
galas después de 'Marlango',
el proyecto se ve inmerso en plena
vorágine de presentación
de 'Automatic Imperfection', su
segundo CD y con el que ya se les
mira con esa mezcla de curiosidad
y envidia malsana que provocan quienes
parecen haber nacido con una cuchara
de plata en la boca.
PREGUNTA.- Entre sus influencias
citan a Tom Waits, Sonic Youth o
Mark Lanegan y en su nuevo disco
colaboran músicos de vanguardia
como Mate Almendral o Suso Saiz,
nombres que es improbable que conozca
la media de su público y
sonidos que, en general, no se suelen
trasladar a su estilo. ¿Por
qué?
ALEJANDRO.- Ésa es la música
que nos gusta escuchar y, más
allá, no hay nada, ni un
mensaje oculto ni un tributo. Nos
gusta muchísimo Tom Waits,
pero desde que lo dijimos se nos
asocia siempre con él, aunque
no tengamos nada que ver estilísticamente.
Lo que luego decida la gente que
nos escucha es otro tema: nosotros
no entramos en la discusión
de entre qué discos tiene
que situar el nuestro y cualquier
etiqueta que quiera poner estará
bien.
P.- Como autora de las melodías,
¿cuáles son sus influencias,
Leonor?
LEONOR.- Yo creo que se nota mucho
todo el jazz que he escuchado. También
me gusta Suzanne Vega o gente muy
poco ortodoxa con la voz, como Ricky
Lee Jones, Chavela Vargas, Billie
Holiday o Tom Waits. Pero también
he oído mucho a Ella Fitzgerald
que, al contrario, cantando era
como un reloj suizo.
P.- ¿Cómo les ha afectado
un éxito con el que, quizá,
no contaban? ¿Han temido
que la situación les obligara
a hacer cosas que no entraban en
sus planes?
L.- Ha sido muy sorprendente, pero
tenemos mucha suerte: nuestra compañía
discográfica [Subterfuge]
entendió desde el principio
que no íbamos a hacer nada
con lo que no estuviéramos
de acuerdo. Por ejemplo, no vamos
jamás a hacer 'play-back'
en TV. Y, como lo saben, no nos
lo piden. En ese sentido estamos
muy contentos y agradecidos. Marlango
no es un 'hobby', no es lo que nos
paga la hipoteca porque no queremos
que se convierta en una obligación
que hagamos a disgusto, pero eso
no lo convierte en un pasatiempo.
Somos muy conscientes de la parte
de oficio que tiene y de las horas
de carretera y entrevistas que acarrea.
Hay que hacerlo con cariño
y con cuidado y, si fuera un 'hobby',
igual nos lo saltaríamos.
A.- El escenario es la parte más
agradable de esta profesión.
Yo no lo paso mal cuando tengo un
piano cerca; sufro cuando tengo
que hablar, hacer fotos, rodar un
'videoclip', etcétera.
P.- Leonor, en su caso sí
estaba acostumbrada a la presión
mediática de la promoción.
¿Cuáles eran sus intenciones
cuando grabaron el debut?
L.- ¡Ninguna! (ríe).
Ése es el quid de la cuestión.
En España estamos acostumbrados
a que, cuando alguien hace algo,
tiene una ambición. Lo que
nosotros queríamos conseguir
era, simplemente, grabar las canciones
lo mejor que pudiéramos y
tenerlas en un disco. No había
ninguna intención extra,
igual que no la hay ahora.
P.- Y si sintiera la necesidad de
dar prioridad a algo, ¿por
qué se decantaría?
Imagine: ¿rodar el gran peliculón
o grabar con Tom Waits?
L.- Hasta ahora no he tenido que
elegir y no me imagino una cosa
sin la otra. Me hacen mucho bien
y me compensan mucho las dos. Y
son compatibles. Es mucho trabajo
y requiere organización,
pero me gusta mucho todo lo que
hago, lo que es una suerte y un
privilegio.
P.- ¿Y cómo organiza
su agenda?
L.- Como un sudoku (ríe).
P.- Se dice que lo peor del cine
son los madrugones y, en la música,
que se vive de noche. ¿Cuántas
veces ha tenido que ir de un sitio
a otro sin dormir?
L.- Gracias a Dios, sólo
dos. Pero no es lo normal, sino
lo excepcional. Fue por fallos técnicos
inevitables. Siento mucho respeto
por la gente con la que trabajo
y no hago esas cosas.
P.- ¿Les afecta en algún
sentido a los chicos la fama que
viene detrás de Leonor?
ÓSCAR.- Para nada, es secundario.
Ella me encanta como persona y es
como una hermana. Al principio su
fama nos abrió puertas, pero
después había que
meter el pie para que la puerta
se quedara abierta, y eso lo teníamos
muy asumido desde el principio.
P.- Alejandro, usted es compositor
de música para sintonías
publicitarias. ¿Ha subido
su caché desde que está
en Marlango?
A.- No, el caché de los músicos
de publicidad lo marcan los clientes...
P.- Óscar, usted es el único
que tenía experiencia previa
en bandas. ¿Qué es
lo que aporta al grupo?
Ó.- He tocado con todo tipo
de gente y eso me ha hecho bastante
versátil, aunque en general
me gusta dar a la trompeta un sonido
oscuro, de terciopelo, como el tono
de Chet Baker.
P.- ¿Hay prevista alguna
sorpresa para su concierto en Madrid?
Ó.- Los conciertos son todos
diferentes; como el tenis: dependiendo
de cómo te devuelven un saque,
así se desarrolla el juego.
En todo caso, tocar en Madrid es
especial porque vienen nuestra familia
y nuestros amigos.
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