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MARLANGO: "LAS
NUESTRAS SON CANCIONES TRISTES QUE
NOS CURAN"
Por E. Tebar. Publicado en Granada
Digital el 20 de octubre de 2005.
El nuevo trabajo
de Marlango lleva un mes en el mercado
y sus ventas, tratándose
de unos patrones bastante alejados
de lo ‘comercial’, están
siendo espectaculares, llegando
incluso al cuarto puesto en la lista
de los más vendidos en España
(AFYVE) durante su primera semana.
“Automatic imperfection”
supone la consolidación del
plantel sorpresivo que en 2004 mostraba
las dotes vocales de Leonor Watling,
arropada por el pianista de formación
clásica Alejandro Pelayo
y el trompetista neoyorquino Óscar
Ybarra. Han estado dos años
trabajando en la composición
de este álbum y esperan ansiosos
el momento de interpretar las nuevas
canciones ante el público
granadino, en una parada de rigor
dentro de lo que llaman “el
país en la mochila de Labordeta”.
Pero mejor dejamos que nos lo cuenten
ellos mismos.
P.- Parece que cuanto más
revuelo hay sobre Marlango, más
impermeables son ustedes a lo externo.
¿Cómo es posible aferrarse
tanto a las canciones?
R.- Es un poco extraño, muchas
veces nos dicen raros y resulta
que no conocemos a nadie normal.
Con la música pasa lo mismo.
Nos parecen extrañísimos
esos fenómenos de canciones
del verano todos los meses del año.
Cada uno hace lo que hace y como
necesita hacerlo. Luego intentar
explicarlo es complicado.
P.- El álbum se titula conceptualmente
“Automatic imperfection”,
pero el elenco de agregados en la
grabación es casi garante
de la mayor perfección. ¿Cómo
llegaron a este disco personajes
como Suso Sáiz, José
María Rosillo o Javier Almendral?
R.- Son muy amigos y cada uno en
lo suyo tiene un talento que admiramos
muchísimo. No son colaboradores
al uso de llamarlos para que hagan
algo concreto, sino que al escuchar
las canciones pedían meter
sus cosas, así que se llevaban
las demos a casa y grababan sus
partes. Es algo que no tiene precio.
P.- No hay grandes giros respecto
al trabajo de debut, ¿quizá
más atrevimiento?
R.- Queremos pensar que sí.
Se nota el año que hemos
estado de gira y el sentido del
humor. Este disco está más
estirado, los vértices están
más separados en cuanto a
intensidades. El primer disco, por
definición, está mucho
más centrado en un tono medio
y en una sensación constante
de que algo está a punto
de pasar, aunque realmente nunca
llega a pasar. Ahora nos hemos permitido
que pase, para arriba y para abajo.
Lo notamos más en los conciertos,
porque grabar las canciones de una
forma significa escoger y eliminar
el resto de posibilidades. Pero
no se pierden porque las guardamos
para el directo.
P.- ¿Qué tal les fue
en la aventura nipona de la Expo
de Aichi este verano?
R.- Era la segunda vez que íbamos
a Japón, por alguna extraña
alineación cósmica,
repetimos. Nos trataron muy bien
el año pasado y este verano
también. Ha sido toda una
experiencia, es un público
muy respetuoso, muy silencioso y
contenido, pero que cuando explota
no tiene nada que envidiar al de
aquí.
P.- ¿Cómo prevén
que case una ciudad con el embrujo
de Granada con la vocación
nocturna de sus canciones?
R.- Muy bien, tenemos muchas ganas.
Todos estos días previos
al concierto realmente sobran. Entre
concierto y concierto pasamos los
días esperando que llegue
el momento. El año pasado
estuvimos en algunos sitios de Andalucía
y nos quedamos con las ganas de
ir a Granada, que es una ciudad
que habíamos visitado un
par de fines de semana para ver
la Alhambra y la zona. Estos días,
en los ensayos, hemos notado una
sensación muy latente de
que va a ser un concierto muy energético
y lo vamos a pasar bien seguro.
P.- Se acercan al cabaret resucitado
de Ute Lemper y a la Billie Holiday
adaptada a la modernidad que son
Coco Rosie, algo sin parangón
en España. ¿Pesa el
cartel de ‘rara avis’?
R.- Los tres tenemos unos gustos
y unas influencias. Una cosa es
lo que nos gustaría ser y
otra lo que realmente somos, que
es lo que hacemos juntos y de la
forma en que lo hacemos. Cuando
nos juntamos sale de manera mucho
más orgánica, si lo
pensáramos tanto a lo mejor
no saldría. Es mejor no pensarlo
y hacer lo que pida el cuerpo.
P.- La traducción de uno
de los temas es “Arquitectura
de la mentira”. ¿También
componen para sacar los demonios
interiores?
R.- Solemos decir que son canciones
tristes que nos curan. No sabríamos
decir de qué, porque la enfermedad
no tiene un nombre concreto, pero
es una especie de terapia o catarsis.
Es nuestra forma de comunicarnos
y de quitarnos esa sensación
constante de perplejidad y contradicción,
o lo que decíamos de querer
ser una cosa y ser otra. Son las
luchas internas que tiene todo el
mundo y cada cual se maneja con
ellas con su lenguaje; el nuestro
es el musical.
P.- Desconocemos si la verdad existe,
pero tal vez sea lo más parecido
a una buena canción. ¿En
esas están Marlango?
R.- Estamos en una búsqueda
de algo que no sabemos qué
es, pero que pensábamos con
el primer disco que lo podríamos
encontrar y no paso eso: pasó
todo lo contrario. Fue como echarle
gasolina a un fuego incipiente que
se convirtió en un escándalo.
Es buscar constantemente un espejo
en el que verte reflejado para entender
qué significa lo que te rodea
y qué significas tú.
Son cosas muy filosóficas
y a la vez tan básicas como
saber que si no hacemos esto no
tiene ningún sentido nada.
Una necesidad que empieza siendo
egoísta y acaba como el propio
respirar.
P.- El hecho de vender tanto, aún
con tan afamada cantante, ¿demuestra
que el buen gusto es algo generalizado?
¿Falla la difusión
de la música?
R.- Claro, hay música muy
buena en España de todo tipo.
Depende de cada uno buscar y encontrar
qué es lo que le gusta. Lo
que falla es esa ‘cosa’
unitaria, sobre todo en los medios
masivos, donde parece que hay una
única forma de hacer música.
Hay un único concepto y en
él cuentan mucho la imagen,
el baile, la edad, la belleza y
cosas así. Eso mata todo
lo demás, porque hay gente
que gracias a Dios nunca pasaría
ni el primer casting de Operación
Triunfo y son imprescindibles en
la música universal. Por
eso queremos celebrar nuestras imperfecciones,
porque son las que nos hacen diferentes
y de ellas nace la creatividad,
que es lo más bonito.
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