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MUCHO MÁS
QUE EL GRUPO DE LA ACTRIZ FAMOSA
Tomás Fdo. Flores. Publicado
en Metrópoli de El Mundo
el 30-09-05.
Dicen los componentes
del grupo que las cosas son siempre
más sencillas, que crear
las canciones, grabarlas en el estudio
e interpretarlas en un escenario
atiende siempre a un proceso más
inocuo que la pesadez mediática
sobre la popularidad de la cantante,
el éxito de ventas que tuvo
su álbum de debut (Marlango,
2004) o el de los muchos conciertos
que han dado en el último
año. Las composiciones nacen
atendiendo a otras cosas más
personales y directas y, por fortuna,
se olvidan de todo lo banal. Marlango
no es precisamente una banda que
haga temas comerciales. Construye
su obra parapetada en las emociones,
algunas simples y otras que intentan
reflejar estados de ánimos,
sensaciones privadas, vivencias
compartidas. Esos claros y oscuros
que todos, como personas, tenemos.
El resultado es un entramado musical
que huye de los demonios del estigma
del grupo-con-chica-famosa. Y también
de las tendencias dominantes en
la estética del pop. En este
segundo álbum del trío
madrileño hay otras evidencias:
los recovecos por los que sabe moverse
Alejandro Pelayo, con su teclado
y su sabiduría musical; los
detalles y cualificados silencios
de Oscar Ybarra, y la notable muestra
de la capacidad para cantar y escribir
cada vez mejor de Leonor Watling.
El disco tiene piezas radiantes,
como Cry; algunos juegos imprecisos,
como Tip Toe; maravillosas declaraciones
personales, como Beautifl Mess.
Oído en su conjunto es difícil
ubicarlo en el panorama actual (gran
virtud). Además, pide repetir
la escucha de algunos cortes y,
lo más misterioso, es que
como si fuese una sensación
elástica, el número
de la pista al que se acude es cada
día diferente. Ahora, por
ejemplo, Days are tired...
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