MARLANGO. TERAPIA DE GRUPO Diego Manrique. Publicado en EP3 16-09-05. Ex pareja más maestro coctelero, igual a trío de éxito. La banda de Leonor Watling ya no es el proyecto paralelo de una actriz. Disco de oro con su primer álbum. Giras en Japón. Ahora llega su segundo trabjao, Automatic Imperfection. Ellos desconfían de su triunfo y visitan al psicólogo. Quedamos en un restaurante madrileño tan cool que tiene ejemplares de The New Yorker para amenizar la hipotética espera. Pero es media tarde y estamos solos. Cuando llego, caramba, ellos ya están acomodados en un rincón, con la tranquilidad de los clientes regulares. Son Leonor Watling, cantante de Marlango, y Alejandro Pelayo, teclista. Falta Oscar Ybarra, el corpulento trompetista (y maestro coctelero) de origen cubano: “Tiene averiada la trompeta y está supervisando la reparación, dice que no puede alejarse... ¡Como si esperarar a que su mujer diera a luz!”. Leonor, madrileña de 30 años, y Alejandro, cantabro de 33, fueron pareja y éste parece uno de esos raros casos de ex amantes en que la relación personal no sólo no se ha agriado sino que ha adquirido insólitos matices de complicidad. No hay discrepancias en su discruso, que se complementa sin rastros de fisuras. La risueña disposición de Leonor, que rompe a reír con frecuencia, contrasta con la tendencia de Alejandro a autoanalizarse en voz alta. Acabo de escuchar Automatic imperfection, su nuevo disco, en el despacho de Carlos galán (director del sello Subterfuge), aunque no puedo afirmar que lo haya asimilado: varios temas saltaban y había ruidos de fondo. Nuevamente, tengo la sensación de que su música es más formalista de lo que uno se imaginaría por su dieta musical, de Radiohead para adelante. Pero, ay, les cuesta ser objetivos respecto a su propia obra. Leonor Watling. Tardamos meses, años en entender lo que hemos hecho. Es horrible enfrentarte a la prensa o ir a la radio y articular un discurso coherente a partir de algo tan irracional. A veces, terminas haciendo tuyas las valoraciones de otra gente: “Pues habéis grabado un disco más lo-que-sea”. Tú no lo ves tan claro, pero te lo guardas, e igual lo respondes en medio de una entrevista. Alejandro pelayo. Es como si te hubieras emborrachado una noche y hubieras pintado un cuadro. Luego, alguien te pregunta por él. Y no sabes qué responder. Quizás te reconoces en el cuadro pero no sabes explicar tus motivaciones o tus decisiones técnicas. EP3. Abro el pliego de cargos: primero, que Marlango suena más convencional de lo que podría desprenderse de vuestras especulaciones verbales o de la conexión con Tom Waits. L.W. Terminas marcado por lo que vas comiendo y hacia donde vas mirando. Sí, me imagino un Marlango más experimental pero ahora mimso no nos sale. A veces, nos empeñamos: “Vamos a aberrar”. Pero eso es premedigado, no natural. Y nosotros somos un grupo orgánico. A.P. Cierto. Hay tanta impostación en decir “seamos comerciales” como en lo contrario, en querer ser el mas salvaje... L.W. El proceso de hacer música es inconsciente, tiene que ver con el estómago. Luego, según pasa el tiempo, te haces cargo de lo que has creado leyendo críticas, en las entrevistas o hablando con la gente, especialmente con otros músicos. EP3. Sin embargo, me sigue chocando el contraste entre vuestra imagen de gente moderada y la atracción por la perversidad. Eso de querer ser “la banda que toque en el prostíbulo de Twin Peaks”. A.P. Es un sueño estético. Evidentemente, marlango sonaría diferente tocando para el enano, el tipo de la cabeza afeitada, las chicas de doble vida... En lo particular, a mí nom e importaría vivir en un lugar así. Hasta cierto punto. L.W. Ya. Vivir allí pero prtegido por la familia mafiosa de Angelo Badalamenti (compositor de la música de la serie que firmaba David Lynch). A.P. En realidad, el sitio donde nos gustaría tocar es el Olympia de París. Pisar las tablas, palpar las cortinas, ocupar el mismo camerino que Edith Piaf. Claro que Óscar te diría que prefiere el Blue Note en Nueva York. EP3. Es extraño que Marlango no haya despegado en Francia. Quiero decir, parece algo que podrían entender allí. L.W. Nos lo decían mucho al principio. Lo que pasa es que ellos producen tan buena música propia Benjamin Biolay, Keren Ann, Coralie Clément... EP3. Enseguida os encontrarían antepasados franceses y os nacionalizarían. L.W. No me importaría nada. Siempre me encantó aquella frase de El verdugo, la película de Berlanga, cuando la mujer le pregunta al hombre qué le gustaría que fuera su hijo, si abogado o médico o qué. Y él responde: “Quiero que sea francés”. De cría, ser francesa me parecía lo más. A.P. Vaya, también está bien ser español. Lo notas cuando subes al tren bala que va desde el aeropuerto de Nagoya a Tokio. Estábamos cargando instrumentos y maletas, hablando a gritos; los japoneses silenciosos mirándonos, fascinados y y o creo que hasta un poco envidiosos. Asumir el punto Alfredo Landa es muy sano. L.W. Igual son ellos más paletos. Casi nadie habla inglés. Están en su isla, no hay inmigración, parecen autosuficientes. Que vengan extranjeros, pero no mucho. A.P. llegas a sospechar que importan cultura foránea como un guiño, para presumir de un cosmopolitismo de pose. L.W. Aún así, impresiona su eficiencia. Te dicen que tu prueba de sonido es de 13:03 a 13:14. Nos miramos diciendo: “Es una broma”. Pero llegamos allí y ellos llevaban horas trabajando: había nubes de micrófonos alrededor y todo sonaba perfecto. A.P. cuando volvimos con la banda completa, se tardó más tiempo. Sin embargo, saben reaccionar, no son robots. Estábamos allí, rodeados por lo que parecía un ejército de termitas particularmente laboriosas, y Gonzalo Maestre, nuestro baterista, empezó a tocar al estilo Buddy Rich, muy espectacular. Todos pararon, escucharon con el máximo respeto y aplaudieron al final. EP3. A Marlango ¿le han ido las cosas demasiado bien? L.W. No entiendo esa idea de que a los buenos artistas tienen que haberles ido muy mal las cosas. No sé si son restos de la educación judeo-cristiana. Hay un pensamiento que me suele asaltar, en asuntos de fuera y de dent4ro del grupo: “Uy, estoy muy bien, todo va rodado... algo malo va a ocurrir o está ocurriendo”. Es el tipo de razonamiento que te empuja hacia un psicólogo. EP3. ¿Es tu caso? Sí, he ido y me he quedado muy satisfecha. También lo hizo Alejandro por su cuenta. A.P. Si has sufrido un golpe, vas a un traumatólogo. Si piensas que estás perdiendo la razón, visitas a un señor que, básicamente, te lo ratifica a tantos euros la hora (risas). EP3. Tradicionalmente, las actrices que cantan son tomadas a pitorreo por la crítica. ¿Has tenido esa sensación, Leonor? L.W. No, nadie se ha ensañado conmigo. Bueno, hubo un reportaje donde unos profesores nativos de inglés examinaban la gramática y la pronunciación de los grupos españoles que cantamos en inglés. Entiendo que es una idea muy apetitosa: mi madre, que es inglesa, se escandalizaba cuando escuchaba por la radio a dover. A mí también me criticaron ellos, pero luego me enteré de que no tenían el libreto con las letras y que era al final de la reunión, que no nos prestaon demasiada atención. Les desafío a que analicen Automatic Imperfection y que señalen fallos, fallos graves.