Era noviembre de 1997. Buscaba un músico que compusiera algunas piezas sobre temas de Naturaleza para acompañar la exposición de unas fotografías. Las imágenes eran parte del entramado de presentación de un afanoso libro sobre biología, etología animal, historia y el Parque de Cabárceno. Una amiga me dio su nombre y su teléfono. Quedamos en un bar de Santander, por la tarde. Mientras esperaba, alguien, un desconocido, me preguntó, sin más, qué hacía allí. Y se lo dije. La puerta del bar se abrió, y el desconocido dijo: 'Ahí llega tu músico'. Alejandro Pelayo compuso unas piezas hermosas; no exagero al decir que, cuando las interpretó en Madrid, el día que se presentó el libro, todos se emocionaron. Desde entonces somos amigos. De su capacidad para provocar emociones habla su disco: Marlango. Título para disco y grupo. "Una chica que vestía jerseys de angora y que era la protagonista de una canción de Tom Waits: Susy Marlango". Nombre hospitalario, redondo y musical en su palabra. Alejandro Pelayo nació en Santander hace 32 años. Es uno de los vértices del triángulo Marlango, ese grupo que ha salido de la chistera de la música bajo el ala de la actriz Leonor Watling. Como es un tímido indómito no reconocerá jamás que son sus composiciones las que proporcionan discurso a ese material sonoro. Titulado superior de piano, composición y dirección de orquesta, este santanderino con talento hubiese dado mucho por componer la música de 'El cielo sobre Berlín', de Wenders. Y ahora se apura al reconocer su formación clásica; se sonroja por humildad, aunque claro que ha compuesto música clásica: sinfonías, cuartetos de cuerda, obras para piano. Pero eso es arena de otro costal. O tal vez no. A la pregunta de qué experiencias y qué ambientes han marcado su instinto musical, responde conciso: "3 emes. La primera es de Mozart". Desde muy pequeño fue a clases de piano con María Teresa Gutiérrez, una profesora de piano santanderina, hoy ya fallecida. Fue ella quien le inculcó a un Alejandro de apenas ocho años, la pasión por ese otro niño que a la misma edad tocaba y escribía así. Esa especie de juego le volvió loco: pensar que alguien como él estuviese componiendo aquellas melodías tan tristes y a la vez llenas de vitalidad; tan saltarinas, de un lado, y tan plagadas de desolación, por otro. De Mahler es la segunda M. Coincidiendo con su rebeldía musical adolescente. El conflicto y la conmoción de escuchar esa música, de descubrirla. Algo que "sólo te puede pasar una vez", y el hecho de que esto sucediera siendo pequeño. Recuerda con ternura esa experiencia hoy, cuando le sigue pareciendo único Mahler, "capaz de mezclar mundos y crear innumerables capas de profundidad". "Sólo en el oyente está el final de este compositor, hasta dónde quieras llegar; él no tiene límite, es como del siglo que viene". La tercera M es de Marlango. "Era una broma privada: Pelayo y las 3 M". También está Stravinsky, la música del imperio austrohúngaro, los alemanes Hasta llegar a un top 50. Sus favoritos van por épocas, por días de la semana: "El lunes el mejor es Beethoven y el domingo, Chopin; obligatorio un día escuchar a Bach. Las estaciones también también tienen su peso a la hora de decirse por unos u otros". La música siempre decide Las diferencias que entiende a la hora de expresarse con cuerpos de música tan distintos son poco nítidas: "Trabajas con el mismo material y con emociones que no sabes muy bien qué significan hasta que no te liberas. Te pones al piano con una mezcla de ansiedad y de dolor de espalda, que te pesa y que tienes que quitarte de encima. De pronto encuentras un bucle que no dura más de 15 segundos, y dices: esto es lo que me dolía, esto es el tumor. Algunas veces eso da para una canción, otras para una obra, muchas para recordar una canción de alguien y que hace mucho no escuchabas; casi siempre lo que tocas es algo que no recordabas, que se te queda por ahí. Lo mejor es tener un amigo que te diga de quién es". -¿Componer, dirigir o interpretar? -Cada parte del proceso tiene su encanto y sus inconvenientes, pero creo que, si tuviera que escoger me quedaría con la composición, porque es la parte más íntima, libre y delicada del proceso. Es inevitable oponer las músicas: clásica y moderna; aunque, al final, todo o casi todo es música, como en el libro de Ángel González. Hablamos del tempo, que está en relación con el contenido, pero él puntualiza: "La música siempre decide: se coloca donde ella quiere. La música clásica no tiene prisa y da total libertad a la hora de escribir; puedes tomarte tu tiempo para presentar un espacio donde más adelante se desarrollen las acciones. En cambio, con Marlango, la música envuelve la sensación de la voz y ayuda a lo que está contando la letra de principio a fin de la canción, el lenguaje es el mismo, los tempos no". -¿Es la música una batalla enérgica y comprometida por atrapar algo vivo que se escapa continuamente? -Rotundamente sí. Pienso en el efecto deja vu: de pronto un olor te retrotrae a la infancia Si en esos momentos tuviese un piano cerca, lo intentaría; intentaría atrapar eso que escapó. A veces, la música es como una polaroid: a fuerza de mirarlo, consigues poseerlo. -"Cuando compongo, cocino agua. Cuando dirijo, cocino fuego". Lo dijo el francés Pierre Boulez. ¿Qué cocina Alejandro Pelayo? -Yo soy más de ir al mercado, me gusta buscar ingredientes, meterlos al tun tún, agitarlos y probar: ir probando, con las texturas de los instrumentos, con los pianos. Son mundos muy diferentes tocar en un Hammond, en un Rodees o en un Wurtlizter. Este santanderino, que ha compuesto la banda sonora para 'La curva de la felicidad', de Manuel Poitier, acaba de grabar, con Marlango, la canción 'Semilla Negra' para un disco que sale el 26 de septiembre y que se va a llamar 'Arde la calle'. 19 artistas más acompañan este regalo al legendario grupo de Santiago Auserón: Bumburi, Calamaro, Carliños Brown. Tomando sólo la letra de la canción, la han versionado desde cero, con un sonido fronterizo entre mexicano y estadounidense. Un año en Nueva York, dos en Dublín, y la experiencia de las noches y los días al frente del piano. "He tocado en sitios donde estaba prohibida la entrada a blancos; yo entraba porque iba con un grupo de negros. He tocado en hoteles de cinco estrellas y en prostíbulos, en casinos, en bares lujosos y en bares cochambrosos. Hacía la vida del músico: donde me paguen, o donde me den buena propina o donde me inviten a copas". Resume la experiencia de todo eso como el aprendizaje que le brindó cada instrumento: "De cada uno de esos pianos se aprende algo, todos son distintos, depende de la humedad de la pared donde se apoyan, de las diversas texturas, de los desafinados de sus cuerdas. Aunque toque el mismo tipo de canciones, cada piano me dijo lo que funcionaba y lo que no". -La música es un desafío a las leyes físicas, uno de esos desafíos es en relación con el silencio, puesto que los sonidos no existen en la partitura, ¿a qué desafías tú? -Con el silencio no me pondría a malas, porque es parte fundamental y está al mismo nivel que la música. Tiene el mismo valor una nota que aquello que está al lado, que es una nota que no se da, que es el silencio. La música hueca, donde el silencio tiene un peso, una importancia y un sentido, se ha perdido en el siglo XX, al igual que otras muchas cosas, como los ritmos de vida, tan agitados. Hoy el silencio ha pasado a ser incómodo; en la vida cotidiana uno se pone nervioso cuando hay silencio, pero, por otro lado, el silencio es imprescindible. No lo separaría de la música. En cuanto al desafío a las leyes físicas, la respuesta es sí. Hay pocos momentos, pero en alguno de ellos te enganchas en un vértigo, sin saber bien qué significa. Oír una música puede provocar más vértigo que subir a un 8.000. La música te puede causar tal impacto que las leyes físicas te parezcan algo mediocre en comparación. Lo que nos mueve y lo que nos conmueve -"Tú tomas algo de alguien, pero sólo porque sabes que es así como podrás liberarte". Lo dijo Baremboim, ¿De dónde salen los sonidos de Marlango? ¿De qué ambientes, de qué influencias, de qué querencias? -Sale de una mezcla de todas las músicas que nos mueven y que nos conmueven; de todo aquel que hace las cosas sin pensarlo bien: que lo hace con las tripas, sin preocuparse de si está afinado: Cuando lo escuchas entiendes que siente una necesidad de hacerlo, y de hacerlo así. Eso nos mueve y nos conmueve. A todos ellos los querría en mi banda, pero no los puedo pagar: Paolo Conte, Zero Seven, Dean Martín, quien jamás se preocupó de si estaba afinado. No sólo músicos, el mismo Bardem, lo que hace en uno de esos papeles que interpreta. Lo quiero en mi banda. La música de Marlango sale de todas las cosas que nos mueven a Leonor y a mí; de lo que llamamos "comidita buena para el alma", una especie de santoral privado donde caben todos los que hacen algo de una forma personal y única y por una necesidad absoluta de hacerlo a su manera, desde Radiohead a Chavela Vargas. Hablamos de cómo es abrirse paso en el mundo de la música, y es rotundo: "Con mucho miedo, con mucho tiempo pensando si merece la pena, porque se sacrifican carreras (la de Leonor, el cine; la de él, la composición clásica), porque se tienen todas las horas del día ocupadas para meterse en un negocio que, desde fuera, todo el mundo sabe que va fatal y que no compensa. Pero la llegada de Óscar lo cambió. El hecho de que un tercero escuchara las canciones que ella y yo compusimos, fue como mostrárselo a la multitud, a todos. Yo hago esto porque otro me ha dicho que está bien, te autojustificas para dar el paso. Y muy rápidamente cambia todo. No esperábamos que cada sitio donde tocáramos fuese a estar lleno, y lo está. No soñábamos que en sólo cuatro meses nos fuesen a dar un disco de oro, y nos lo dieron. Lloramos de alegría. Más al pensar que hacíamos las canciones y trabajábamos de forma privada, que era algo para nosotros: sólo por la necesidad de hacerlo. Todo se fraguó hace cinco años. En serio, comenzamos en el 2002. Sobre la gira de Marlango, cuenta: 18 conciertos, hasta ahora, por toda España: Burgos, Valencia, Sevilla En agosto descansaron. Ahora empiezan en Llobregat, Murcia, Salamanca, Santander , y, en octubre, 14 conciertos de una gira más fuerte, calentando motores hasta llegar a Madrid. La gira es un ensayo y es a la vez un punto de arranque, cada noche de concierto se cocina a partir del material que es el disco, "pero no el disco tal y como se grabó, sino algo vivo, algo que pasa en cada sitio sólo esa noche. Cada concierto depende de la energía de la gente que va a él". Hablando de lo que ha pasado este año, destaca la semana en Tokio. "A día de hoy, y aunque han pasado dos meses, pienso mucho en la sensación que tenía allí; el 80% del disco nuevo viene de ahí, porque soy de buscar ingredientes, y ése es un sitio fantástico para buscarlos, porque te descoloca tanto, es tan delirante y tan diferente que hace que tu seas el 200% de ti para poder agarrarte a algo que te fije al suelo. Nos hospedamos en el Hotel Park Park Hyatt Tokio, el epicentro de Lost in Traslation, nos movíamos como los Rolling: maquillador, peluquero, chófer, estilista, etc. Un ejército tratándonos como si fuéramos Dylan. Esa vorágine vino por la película de Isabel Coixet, Mi vida sin mí y Hable con ella , de Almodóvar; son las películas más vistas en Japón, y ellos alucinaban con tener allí, cantando, a la protagonista de ambas. La vorágine se materializó en la venta inmediata de 20.000 discos". A la hora de referirse a las ventas del disco, inusitadas, lo explica como un hartazgo ante la aglomeración de bulerías y de música inmediata Burguer King. Aclara que no han inventado la pólvora, sino que han tardado "bastante tiempo en cocinar esto y en decorar bien el plato". Siente que ha sido la rebeldía de la gente, sobresaturada de canciones del verano en cada mes del año. Además siente que ha tenido la suerte de acceder a canales de distribución que han permitido que mucha gente se enterar de lo que estaban haciendo. Un guiso a fuego lento El inicio de Marlango surge de su encuentro con Leonor "y con su forma de entender la música y la vida. La aparición de Oscar supuso el empujón para que no nos diera vergüenza enseñar nuestras canciones; dos es demasiado poco, pero tres son ya una multitud". Óscar es trompetista, vivía en Chicago y, cuando se trasladó a Madrid, conoció a Leonor y Alejandro. Ellos le dieron su maqueta, para escuchar. Él le puso unas líneas de trompeta, y a los dos les gustó la forma que tenía de entender su instrumento. "Toca como si fuera un violonchelista con colchones, rellenando. Además, es un amor en lo personal". La música como un personaje más en una película, la música como beber agua cuando tienes sed, como una necesidad vital, la música para cambiar el mundo y la música para seguir escribiendo y grabando canciones. "Mientras la gente siga llenando las salas donde tocamos, seguiremos. Mientras tengamos algo que contar, seguiremos tocando. Pero hacer planes con la música es inútil, aunque, a título personal, yo no me imagine haciendo otra cosa que no sea escribir música". -Marlango parece un guiso a fuego lento, como si todo estuviera previsto. Los apuntes, los guiños, las pistas que se dan poco a poco, como si no quisiera ofrecerse del todo, enseñarse del todo, como si cada canción preparara el camino de la siguiente, y un disco el de otro ¿Hay un plan Marlango? -Me encantaría responder que si y que además es todo idea mía, pero estaría mintiendo, es todo mucho más ingenuo, surge todo de una forma mucho más sencilla y visceral. Cuando le menciono esa especie de melodía irlandesa que es el tema 10, 'My love', destaca 'Enjoy the ride' y 'Nico' como aquellos que sostienen el espíritu del disco. (Desgraciadamente, el tema 10, por la complejidad de instrumentos que precisa, no viaja en la gira. ) "Canciones para una música con huecos, por los que ver algo. No a través de una nota de paso ni de otro sonido, sino del hueco". Entrando en contenidos, el disco cuenta "una perplejidad ante el mundo, una sensación de incomprensión ante nuestras emociones y ante las de los demás; de amor y desamor; de contradicciones; de buscar un espejo que te devuelva una realidad y una identidad que te coloquen en un mundo que no entendemos. Nuestra música es una espiral: marcar una x en el suelo, e ir a todos los puntos de alrededor, pero sin llegar nunca al centro; no caer en la palabra. Como hablar de una manzana, sin pronunciar la palabra manzana". "Hacer un disco, hacer nuestro disco es como el juego de las puertas y las llaves: te vas a encontrar con un texto que te abre una música y viceversa. Siempre probando, jugando. Aparecen cuatro o cinco acordes en un bucle, Leonor se pone a cantar, la sigo con música, y grabamos. Luego se trabaja sobre lo que nos gusta. El 90% se tira". Alejandro quiere lavar esa intención de superficialidad que se da al trabajo de Leonor (esa sensación que él cree que se percibe así). "Efectivamente, ella nunca estudió música, pero da igual: los cinco músicos que tocamos con ella intentamos envolver la letra y la melodía de una voz que nos exige a todos. Porque ella no sabe economizar ni sensaciones, ni emociones, ni energía; hasta en una prueba de sonido: canta una canción y lo da todo. Es algo inconsciente, lo hace siempre, nunca canta igual dos veces, nunca hay nada rutinario. Como si la protagonista no fuese ella, sino la canción, la voz. Es un imán para la gente que va al concierto. A veces, siento ganas de todos paren de tocar, hasta yo mismo, que se quede ella sola. El público ha visto esto: el 99% del éxito viene después del concierto. Ella canta cada día mejor y te hace sentir en cada canción lo que va aprendiendo, los músicos llegamos medio segundo tarde". Admiración y delicadeza. Le pregunto si ha cumplido sus sueños. Ríe. Es mucho más ambicioso, es más de las dos primeras M. "Voy a la búsqueda de un espejo de cuerpo entero. Cada uno tendrá sus ejemplos para explicarse; con Marlango he encontrado un espejo donde veo reflejado por ahora. Confío en que con el paso de los años y con la experiencia pueda encontrar un espejo de cuerpo entero para descubrir todas las cosas que quiero descubrir de mí y de lo que me rodea. Soy afortunado porque veo algo de ese cuerpo, pero me gustaría llegar, al menos, de cintura para arriba". O hasta tocar el cielo. Suerte con todo ese talento.