"El grupo liderado por la actriz Leonor Watling consiguió lo que muy pocos: lleno total en el Cervantes con su primer disco. Estaba claro. Cantar y triunfar, todo es empezar para Marlango: mil cien espectadores, el teatro Cervantes a rebosar, en su primer concierto. De acuerdo que el triunfo mediante el efecto mediático, la presión en algunos casos, se ha convertido en una circunstancia habitual en este país, donde la música vale tanto como se difunda en los medios. Audiovisuales, preferiblemente, que son más directos y no hay que leer ni los subtítulos. Pero aun con la corriente radio-televisiva a su favor, lo cierto es que el atípico combo liderado por Leonor Watling ofrece calidad y emoción en las dosis justas. Ahora parece muy evidente que Marlango era un experimento condenado a triunfar. Fresco, discreto, bien terminado y comandado por un hada inédita que no es que lo parezca, sino que definitivamente ha embrujado a un sector importante de todos sus públicos potenciales: el del cine y el de la música y el de la danza, que se pondrá a ello. Ya fascinó con unas lejanas puntas detrás de un cristal y recostada inconsciente en la cama de un hospital. LA FUERZA La fuerza de Leonor Watling funciona en el cine, en la televisión y, como se vio el pasado miércoles, también en concierto. Su asombrosamente bella voz, tan bien modulada que parece no corresponderse con su físico -como alguien sugirió en el teatro, pensando tal vez en una rolliza negra de New Orleans- se impone con suficiencia al trío de músicos que fue sexteto con la incorporación de tres colaboradores de lujo: Seve Jordan, Mac Hernández y un activo David Gwynn. Por ahí se esperaba el detalle de calidad internacional que tantas veces se demanda en el teatro Cervantes, si bien éste no mejoró lo aportado por nuestro ya conocido trío. Incluso, pero eso no fue culpa suya, la guitarra de Gwynn, tal vez demasiado rockera en el swing imperante, se saturó de graves y sus medidas intervenciones quedaron más bien distorsionadas, como una gota de tinta sobre papel mojado. EN MARCHA Estaba claro que, arrancada la máquina y ya en marcha, iban a comenzar a aparecer los colaboradores de calidad, como ocurrió con los músicos que ayer apoyaron a Marlango en su puesta de largo. Del contacto con el público, ya se encargaron ellos y, sobre todo, ella, absolutamente distendida tras una hora larga de conversación en el brillante disco-fórum (casi tanto como el de Joaquín Sabina) que precedió al concierto. Objeto unánime de admiración para un amplio sector del público, sobre todo el másculino, Leonor se pasó un buen rato recibiendo piropos, unos ingeniosos, otros con arte y otros bien directos, como el que expresó una petición de matrimonio, finalmente toreada por ella misma y el pianista Alejandro Pelayo, que respondió con unas notas de la marcha nupcial y, enseguida, el adelanto de un tema de su próximo álbum, un vals que a la postre sería idóneo para cuadrar su primer concierto: las trece canciones del disco y la citada presentación. En medio del distendido intercambio del grupo con el invisible público ocurrieron algunos de los mejores lances del concierto, un ejercicio de relajación y dulce penumbra que adoleció no obstante de la estrategia y la picaresca necesarias para apartar al público de un siempre previsible letargo. Pero como su menú de canciones se antoja aún escaso, a los músicos de Marlango no les debe resultar difícil medir bien los tiempos: un buen 'medio tiempo' como 'Madness' para empezar, como ya fue pensado para el disco, y la más pegadiza y completa de las canciones, 'Once upon a time' para subir el tono en el momento adecuado. Lo demás, como el futuro, se resolvería solo.