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"...Sofisticado
y enemigo de la obviedad, este debut no tiene demasiados
referentes en el paisaje musical de nuestro país: canciones
para bandas sonoras imposibles, melodías perplejas
situadas en una tierra de penumbra emocional, los 13
temas del disco parecen el eco muy bien asimilado de
esa redefinición del cool que trajo consigo la revitalización
de la música lounge de mediados de los 90. Pero, cuidado,
Marlango no ha hecho un disco de lounge. Tampoco ha
hecho un disco de jazz. Lo suyo podría situarse en
una galaxia cercana a la que ocupa un grupo como Shivaree.
O Fiona Apple. O, en todo caso, en una galaxia propia,
muy bien equipada con un sistema de antenas capaces
de recoger lo que podríamos llamar las Ondas Brut Nature
de la tradición musical de Occidente. Línea clara para
los oídos, pero con una bombilla lynchiana parpadeando
al fondo...".
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